Pillada Padre


En mi habitación, estaba haciéndolo con un amigo de los de derecho a roce al que había invitado para aprovechar que mi padre no debía venir hasta mas tarde. Mis padres se divorciaron y era con mi padre con el que me quedé a vivir ya que él me daba mucha libertad. Una libertar que agradecía entonces con veinte y un años. Estábamos follando mi amigo y yo, metido en lo nuestros, cuando por la puerta apareció de repente mi padre. La pillada fue completa, en la cama con mi amigo boca arriba y yo inclinado un poco sobre él,
estando en pleno auge. A mí, de mi padre, siempre me ha importado mucho su opinión ya que, aunque seco el hombre, siempre me ha demostrado que me quería, por lo que el momento me supo fatal al ver la cara de entre sorpresa y desconcierto que puso pues el pobre desconocía por completo mi orientación sexual. Este en seguida, bajo la cabeza, cerró la puerta que debí haber cerrado y se fue pidiendo disculpa, una reacción comprensible para un hombre de cuarenta y uno, aparentemente chapado a la antigua, que llegaba tranquilamente a su casa y se encontraba a su hijo, al que creía ser su machote hetero, follándose al amigo.

-Papá… ¡Papá, espera!... – Le grité, saliendo de la cama y poniéndome los calzoncillos para ir tras él. Se hacía un poco el sordo, hasta que lo alcancé en el salón en donde se puso a ver la tele – Papá, déjame que te explique…

-Es igual, no pasa nada – Dijo sin dejarme acabar y sin apartar la mirada del televisor pero su cara seguía siendo de total apuro.

-Oye tío… - Me interrumpió mi amigo que acababa de salir al salón, terminándose de poner la camiseta para acabar de vestirse - …que yo mejor me voy. Ya hablamos si eso ¿Vale?

Despidiéndome de mi amigo, permanecí en el salón y lo escuché salir por la puerta. Se lo agradecí por que ahora al menos no tenía que preocuparme por él y podía hablar con mi padre con la delicadeza que necesitaba. Para ello me senté a su lado en el sofá en donde el apartaba un poco la vista de la televisión para mirarme de reojo, consiguiendo que me prestase algo de atención.

-Perdóname, papá, te tenía que haber dicho que era gay y además no pensaba que ibas a volver antes y… - Intente seguir diciendo sin saber que mas decir.

-Que da iguaaaal… - Insistió él.

-No, no da igual – Insistí entonces yo.

-Solo me ha impresionado el verte ahí con tu amigo haciéndolo, pero solo eso, nada más. Ya se me pasará, que tu padre es viejo pero también ha tenido sus pinitos con hombres cuando era joven.

-¿¡Como!? – Respondí, ante aquel comentario, sonriendo por la sorpresa – ¿Tu… tu lo has hecho con tíos?

-Pues sí – Comenzó a responder, algo incómodo con el asunto – Tenía un amigo a los veinte y bueno, cuando no teníamos novia, lo hicimos un par de veces para probar y eso.

-¿Y que? ¿Te gustó o no? – Quise saber, sentándome mas cerca cara a él.

-Si, mucho, pero lo mismo que con una tía – Reconoció, mirándome algo mosqueado por que le hubiese preguntado aunque al mirarme la cara volvió a poner cara de vergüenza sin que llegase a apartarme la mirada.

Por el rabillo del ojo, vi algo extraño en su figura y bajando la mirada descubrí una erección bajo sus pantalones que se deslizaba a un lado, hacia el lado en el que estaba yo. Aumentando la tensión del momento, él se dio cuenta de que había dado cuenta de su empalme. La excitación que sentía fue tremenda y me asuste de ello ya que no me lo esperaba al ser mi padre aquel que me ponía. Lo intenté reprimir, contenerme, pero me empalme igualmente. El entonces fue el que se dio cuenta y me miro, y con razón, ya que estaba pegado a el y solo llevaba puestos unos boxers sueltos que dejaba entre ver mi miembro por entre los botones de la abertura del paquete.

Ninguno de los dos dijo nada y ambos continuamos en silencio, comunicándonos por la mirada. Él cada vez me miraba mas el bulto de mis calzoncillos, tensando los labios cuando lo hacía. Sin darme cuenta, yo también iba dejando la vista mas quieta en el bulto de sus pantalones. Apretaba el puño, buscando luchar contra aquella tensión que nos mantenía quietos y en silencio, sintiendo la sangre bombeando y ardiendo por el cuerpo. En apenas cinco segundos, mi padre me miró a los ojos, yo hice lo mismo y ambos nos quedamos mirando. Luego, mi padre avanzó su brazo para colocar su mano sobre mi paquete, sintiendo el peso de su mano que tomaba mi polla sobre el boxer y me la masturbaba. La respuesta que esperaba ver en mí fue crucial para mi padre, que me observa atentamente para retirar su mano a la mas mínima molestia por mi parte. Asegurándome de que me entendiese, acaricié yo su muslo y subí hasta que comenzaba su bulto en los pantalones. En cambio, yo no podía apenas masturbarlo al tener estos tan ajustados, con lo que me tuve que conformar con apretar su bulto.

Estando unos cuantos minutos frotándonos el paquete, él bajo el elástico de mis boxer para dejar salir mi polla y mis huevos que quedaron apretados hacia arriba por el elástico. Me agarró el nabo, con fuerza incluso, y puso su mano a subir y bajar. Intenté bajar su cremallera, algo atascada estando sentado, y el me ayudó a sacársela, regresando después con la paja que me hacía. Su polla se disparó afuera, llevándome una sorpresa al ver que su curvatura e inclinación eran iguales a las mías, incluso el color y el grosor. Solo se diferenciaban en que la mía era mas larga y tenía parte del prepucio cubriéndome el glande mientras que su capullo estaba completamente al descubierto y lleno de preseminal. Me supuse que él también habría hecho la misma comparación cuando vi en sus ojos un toque de orgullo al vérmela, lo que me hizo gracia.

Cada uno entregado al miembro del otro, estuvimos pajeándonos sin parar, haciendo ruido con el golpeteo de las manos y el descapullar de nuestros rabos chorreantes en preseminal, sobre todo él que no dejaba de lubricar y me tenía varios dedos empapados. Reconozco que esto me puso muy cachondo y subí la velocidad de mi paja. Él aumento también para seguir el mismo ritmo y al instante sentí que ya no duraría mucho mas.

-Papá… - Le avise flojito pero el continuó – Papá… ¡Papá!... Para, que me falta poco – Al fin él me soltó, pasando su mano de su polla a sobre mi pierna.

-¿Tu me harías lo que le hacías a tu amigo? – Preguntó con el mismo aire serio que llevaba desde que todo comenzase.

-¿Lo que? – Pregunté con la respiración aún revolucionada.

-Joder ¿Qué va a ser? – Otra vez se mostraba incómodo lo que me entender lo que quería decir.

-¿Dices follarte? – Solté casi como si se me escapase si querer.

-Si ¿Me lo harías?

-Claro… bueno, pero tendría que ir a por lubricante.

-Ve entonces y te espero en el dormitorio – Haciéndome una indicación con la barbilla para que fuese a por ello, nos pusimos de pie y nos separamos en la puerta de mi habitación en donde el continuó hacia la suya.

Al ver el bote de lubricante y la caja condones en la mesita me acordé de que hacía nada que lo estaba haciendo con mi amigo. Agarré el lubricante y apunto de salir regresé a coger un condón. Entrando al dormitorio de mi padre, me lo encontré sobre la cama ya desnudo y mirándome con impaciencia. No lo veía desnudo desde que era muy pequeño y me duchaba con él, así que prácticamente fue como verlo desnudo por primera vez. A excepción de su barriguilla, no me esperé que mi padre estuviese tan bien o todo lo bien que puede estar alguien como él que solo va dos veces en semanas al gimnasio y a hacer cardio mayormente. Ahora que lo tenía un poco distorsionado como padre, me parecía atractivo para su edad, más que atractivo, e incluso me parecía cinco años mas joven. Me acerqué para dejar las cosas en el borde de la cama y, quitándome del todo los boxer, me arrodillé a los pies de mi padre. Seguía empalmado, como yo, con sus huevos colgando enormes bien apretados a su rabo y envueltos de una espesura de vello negro muy rizado que se extendía hacia arriba, por su pubis, vientre y pecho.

-Dime como me pongo que eres tu el que sabe de esto – Dijo sonriendo, aunque no le duró mucha dicha sonrisa. Era extraño ver a mi padre tan nervioso y cortado, lo que me recordaba que era “mi padre” y una sensación como de tensión me acogía siempre que pensaba en ello.

-Ponte boca abajo con las piernas separadas y ponte la almohada debajo para levantar el culo – Le indiqué, pensando en lo mejor para él.

La cama tembló mientras el se daba la vuelta y, cuando ya se hubo preparado, me tendí frente a su culo. Con una pequeña lamida en su raja, lo preparé para lo que vendría. El, claro, dio un respingón. Volví con una segunda lamida, y fui repitiendo cada vez mas seguido hasta que ya no me despegaba de su agujerito, besándolo y lamiéndolo. Pasé mi dedo por su ano, intercalándolo con mi lengua, metiéndoselo poquito a poquito al ritmo del mete saca. Tenía claro que debía ir despacio, preparando bien su culo, ya fuese por que era su primera vez o por que hacía mucho tiempo. Usé el lubricante que extendí con los dedos, viendo como su ano expulsaba mis dedos, brillante por el lubricante. Fue toda una sorpresa ver como mi padre iba dilatando rápidamente hasta los cuatro dedos. Pero fue aun mas increíble escucharlo gemir, o respirar intensamente, mas arriba en donde su cabeza descansaba a un lado.

-Papá, ya estas listo – Le avisé y joder que raro llegaba ya a sentirme cuando me escuché decir aquello.

-Ve despacio a lo primero – Me pidió algo sobresaltado al sacarlo de su estado relajado - ¿Quieres que me ponga de otra forma?

-No hace falta, simplemente dobla las rodillas hacia delante – Y así lo hizo él.

Me situé frente a él, restregando mi polla por su culo antes de ponerme el condón. Puesto este, le añadí otro tanto mas de lubricante antes de llevar el nabo a su ano y le introduje la punta. Dejé entonces el cuerpo caer adelante para sentir el de mi padre. Llegándome el olor de su sudor y el de su colonia de siempre. Lo abracé, tomando agarré para meterla, y mi polla fue haciéndose pasar por su ano hacia el caliente interior de su cuerpo. Apenas sentí dificultad, algo que no siempre ocurría por el tamaño de mi polla.

-Papá ¿Vas bien? – Le pregunté preocupado por si le había hecho daño ya que era difícil saberlo con lo callado que estaba.

-Si, si. – Respondió casi con timidez y sin perder su tono autoritario.

Un poco mas y conseguí metérsela entera, pegando mis huevos a su culo y rozándolos contra los suyos. Despegué la cadera, sacándola, embistiéndole la primera vez y manteniendo ese saca despacio y metida suave pero hasta el fondo. Aquello que esperaba vino en seguida, el quejido, mezcla de placer, de boca de mi padre. Le gustaba y acaba de empezar a penetrarlo, haciéndome un poco lío por dentro puesto que no me esperaba que mi propio padre fuese tan pasivo, planteándoseme ciento de preguntas que no me podía parar a pensar en ese momento.

-Vamos a cambiar, por favor – Escuché casi en un susurro que me decía, y era cierto, llevábamos ya un buen rato en aquella postura que solo había sido para empezar.

Retirándome a un lado, le dejé espacio para que diese la vuelta. Aun estaba acomodándose cuando yo ya estaba levantado sus piernas un poco y se la volvía a meter. Ni me había dado cuenta de lo impaciente que había sido. Su ano ahora se encontraba mas accesible y no tarde en aprovechar toda la libertad que permitía aquella pose, proyectando toda mi pelvis contra él y viendo como mi padre de miraba fijamente mientras era sacudido con cada embestida. Su polla estaba medio erecta y también se sacudía lo que le dejaba su vientre velludo mojado de su mismo preseminal.

Unos quince o diez minutos después ya iba sintiendo a lo lejos que estaba por venirme. Se me notaba por como jadeaba con cada empujón y por la velocidad que estaba tomando, un castañeo repetido de mi cuerpo contra el suyo. Los gemelos de mis padres reposaban en mis hombros y me agarraba a sus cuadriceps. Llevaba desde un rato masturbándose el mismo, empalmándose al completo y haciéndoselo rápido. Acabé por desbordar de placer viéndole frente a mí, pajeándose mientras lo follaba, y notaba que me corría en nada.

-Papá… papá – Lo llamé dos veces por que no respondía, tal vez por que estaba demasiado metido en el placer que estaba recibiendo – Papá, me voy a correr ¿Quieres que lo haga fuera?

-Joder con papá y papá – Se quejó sin poder ponerse agresivo – Bastante tengo con saber que me está follando mi hijo como para que estés recordándomelo.

-Pero ¿Entonces? – Le pregunté para que se diese prisa por que me veía imposible de parar.

-Córrete dentro – Sentenció.

Descargué todas las fuerzas que me quedaban contra mi padre, cayéndome adelante cuando mi polla se sacudió violentamente dentro de mi padre y descargaba mi leche, la que había estado guardando para mi amigo y que era la de una semana casi. Durante la corrida, quedé cara a mi padre, y lo besé, besándome el también a la vez que sufría mi orgasmo. Había sido la primera vez que nos besábamos y resultó lo mas raro de todo lo que habíamos hecho, sintiendo sus labios, su lengua y su barba de días. Dejó de besarme, tras no haber parado de pajearse, cuando se puso a gemir alto, y cada vez mas, hasta que dio un gritó de goce que me sonaba de cuando era pequeño y escuchaba follar a mis padres a lo lejos. En mi vientre, sentí el impacto caliente de su semen que volvía a caer con lentitud sobre su cuerpo. Lo estuve acariciando desde el costado hasta su muslo, dejándole disfrutar de su orgasmo.

De regreso a la tierra, abrió los ojos y al mirarme yo bajé a besarlo, pasando de sus labios a su cuello y de este hasta su pecho, desciendo hasta su polla, que chupé y limpié de restos de esperma, saboreando aquel líquido del que una vez salí. Solo fue un momento y luego me tumbé en la cama, descansando ambos un poco.

-Papá ¿Te ha gustado? – No hacía aquella pregunta desde que había dejado atrás mis primeros polvos.

-Mucho… - Dio un largo suspiro y continuó - …para ser la primera vez que me follan el culo…

-Pensaba que cuando lo hiciste aquellas dos veces con aquel amigo tuyo tú habrías sido el pasivo en alguna de esas veces.

-Que va, siempre fui yo que la metía. ¡Hostia puta! – Soltó de repente, frotándose la cara con ambas manos - ¿Pero que te estoy contando? Que eres mi hijo, joder, y acabas de follarme.

-¿Y queee? – Dije para quitarle hierro al asunto aunque en el fondo entendía bien el cargo de responsabilidad y culpa que tenía como mi padre.

-A tu amigo no se lo cuentes ¿Vale? A nadie – Me hizo prometer.

-Yo te juro que no se lo digo a nadie si tú me juras otra cosa.

-¿El que?

-Que lo vamos hacer otra vez – Le dije, poniéndome en cima otra vez – Al menos una vez más.

-Vale – Respondió sin quitar la cara de preocupado, pero pude notar duro en mi vientre como la idea no le disgustaba tanto. FIN.

Morningwood
(morning_wood@hotmail.es)

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